«LADRILLO A LADRILLO», por LAURA LALLANA

Me llamo Laura, soy de la sexta edición. Diría que soy una persona alegre, me encanta estar al aire libre y salir a la naturaleza. Soy ingeniera, tengo 23 años y he sido Scout toda mi vida. Ahí he aprendido muchas cosas muy valiosas, entre ellas que debemos dejar el mundo mejor de lo que lo hemos encontrado. En los últimos meses, y como consecuencia de lo que he contado, he estado dando muchas vueltas a todo esto y me parecía interesante compartir con vosotros cómo me he sentido.

En la universidad siempre se encuentran profesores mejores y profesores peores, pero todos nos aportan poco a poco su pequeño granito de arena. El año pasado, aproximadamente en estas fechas, un profesor dijo una frase en clase que, en un primer momento, me pareció descabellada y después se convirtió en la esencia de mis estudios: el objetivo de vida de todo ingeniero ha de ser dedicar sus conocimientos a ayudar a los demás y hacer del mundo un lugar mejor. Y que razón tenía.

En los últimos años, como supongo que os ha pasado a muchos de los que estáis leyendo esto, me ha surgido un gusanillo en mi interior que me pide dedicar más tiempo a ayudar a los demás. Sin embargo, cuando veía las noticias o buscaba en internet, me perdía un poco en la cantidad de dolor, el hambre y la miseria que hay en el mundo. ¿Qué voy a cambiar yo, una persona entre 7000 millones? ¿Qué hay en mi mano que pueda acabar con todo esto? Y la respuesta ante eso era siempre un “nada”. Y creo que ésta es la principal razón por la que a mí, como a muchas otras personas, me ha costado tanto dar el primer paso.

Ahora lo intento ver desde una nueva perspectiva, una perspectiva que creo que me aporta más. Es igual que si construyéramos una casa, ¿podríamos hacerlo en un solo día? No, hay que ir construyendo ladrillo a ladrillo, poco a poco, día a día. Haríamos del mundo un lugar un poquito mejor si todos regalásemos más sonrisas, fuéramos más solidarios con nuestro tiempo y nuestros recursos y cambiásemos un poco nuestra perspectiva del mundo.

En mi opinión, si cambias la vida de una sola persona ya estás cambiando algo. Si ayudas a un niño a formarse, enseñas inglés a jóvenes en exclusión social o si ayudas a que una persona sin hogar coma caliente cada noche, ¿no estás cambiando su mundo? Cambiar el mundo, de una manera u otra, está más cerca de lo que creemos.

De hoy para mañana no podemos hacer algo grande; pero igual, poco a poco, y juntos, iremos colocando los ladrillos que levantarán los muros esta casa que llamamos mundo.

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